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Posted on 11 Mar, 2017 in Inmigración en USA, Preguntas Frecuentes | 0 comentarios

El síndrome de Ulises, o duelo del inmigrante

El síndrome de Ulises, o duelo del inmigrante

Aunque emigrar es un asunto natural, y se trata de una costumbre humana más antigua que el sedentarismo, nunca ha sido un proceso fácil. Adaptarse a una nueva realidad implica cambios para los que no siempre se está preparado ni física ni emocionalmente.

Esas dificultades que el inmigrante debe enfrentar han dado origen a un trastorno que los especialistas han llamado síndrome de Ulises, un cuadro intenso de depresión y estrés crónico, que hoy en día afecta a más de 500 millones de personas en el mundo.

Este trastorno debe su nombre a Ulises, el mítico personaje de La Odisea, quien tuvo que sortear innumerables dificultades en otras tierras, como el estar lejos de su familia, mantener una lucha constante por su supervivencia, sentirse frustrado ante la posibilidad del fracaso, y sortear el miedo de encontrarse en un entorno desconocido.

El también llamado “síndrome del inmigrante” afecta por igual a hombres y mujeres, y provoca una serie de cambios en la personalidad que dependen básicamente de la fortaleza emocional del individuo. En algunos casos, los acontecimientos consolidan al inmigrante, pero en otros, puede llevarlo a tomar decisiones extremas.

Los más afectados se vuelven personas negativas, quejumbrosas y dependientes, y cuando no reciben ayuda especializada para comprender y manejar el proceso que están viviendo, pueden llegar a desarrollar una enfermedad mental grave.

Carrera de obstáculos

El síndrome de Ulises es resultado de la complicada carrera de obstáculos que implica dejar el país de origen para desplazarse a otro. Se trata de romper con lo conocido y de enfrentar una nueva realidad que, por lo general, suele ser muy distinta a la que se tenía.

Llegar a otro país con una o dos maletas, dejando atrás una historia de vida nos afecta emocionalmente, pero la dureza de un proceso migratorio, la lucha por la supervivencia, el miedo ante una posible detención o deportación, la dificultad para encontrar trabajo, y muchos otros factores generan una sintomatología importante y compleja.

Entre los síntomas más importantes del “síndrome del inmigrante” están: el vacío afectivo que deja el separarse los seres queridos, la nostalgia, la tristeza, los miedos y preocupaciones, las ideas de incapacidad, los problemas de memoria, la culpabilidad y la sensación de fracaso.

También destacan como parte de este trastorno los sentimientos de desengaño, la irritabilidad y, en el peor de los casos, trastornos de tipo psicótico. Pero las manifestaciones no son solo emocionales, a nivel físico se hacen presentes el insomnio, las migrañas, los dolores de estómago, el nerviosismo, la falta de apetito y la fatiga crónica.

Un duelo complicado

Según los expertos, este síndrome tiene su origen en una serie de “duelos”, entendidos como aquellos procesos psicológicos de reorganización de la personalidad que se produce cuando el individuo pierde algo muy importante para su estabilidad emocional.

El duelo se subclasifica en tres grandes categorías: la simple, en la que el individuo por superarlo por sí mismo; el complicado, en el que se presentan serias dificultades para mejorar; y finalmente, el extremo, que usualmente supera las capacidades de adaptación del sujeto. A este grupo pertenece el duelo propio del síndrome de Ulises.

Los “duelos” vinculado con este trastorno son siete, y se les conoce como los duelos de la migración, e implican: la separación de la familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y los riegos para la integridad física.

Precisamente, cuando se habla del duelo migratorio se especifican dos características básicas: su multiplicidad, porque nos afecta en varias esferas, así como su recurrencia, porque la tecnología permite al inmigrante mantener el contacto con su país de origen, y eso provoca una sensación repetida de separación.

A pesar de que se trata de una condición delicada que puede desencadenar en una grave enfermedad mental, un infarto o incluso en el suicidio, no existe un tratamiento específico para el “síndrome del inmigrante”. Sin embargo, está confirmado que una pronta intervención profesional es indispensable para evitar que los síntomas se hagan más graves.

Los psiquiatras usualmente recomiendan el uso de antidepresivos y ansiolíticos para tratar a estos pacientes, aunque muchos prefieren optar por las terapias psicosociales que permitan al paciente reorganizar su vida relacional y social.

Cuidado con estos síntomas:

  • Un estado permanente de tristeza.
  • Altos niveles de tensión.
  • Cambios frecuentes de humor y una especial irritabilidad.
  • Cansancio excesivo que viene acompañado de cefaleas.
  • Fallos de memoria, desorientación temporal, dificultades de atención y fabulación.
  • Cambios en la apariencia personal, aparente envejecimiento.
Lea la noticia completa en Diario las Americas
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